Durante los pasados días se ha dicho mucho sobre el impactante tiroteo que se perpetró en un bar de Orlando, en donde al menos 50 personas perdieron la vida. El acto, calificado como terrorismo, ha sido un de los episodios más sangrientos de este tipo en Estados Unidos, un país en donde este tipo de sucesos han conmovido al mundo. Los detalles pueden ser encontrados en los diarios, los testimonios de los sobrevivientes son sobrecogedores y el apoyo a las familias de las víctimas, de diversas formas, no deja de llegar.

Como el comediante John Oliver mencionó en su programa del domingo, este atentado nos resulta familiar a todos, debido a la frecuencia con la que escuchamos hoy en día de actos similares de violencia sin sentido, poco a poco estamos sintiendo el dolor de estas personas más y más cerca, y lentamente, podemos empezar a ver un patrón en todo esto.

¿Qué tienen en común un bar gay en Orlando y un café en un centro comercial en Tel Aviv ? ¿Qué tienen en común un aeropuerto en bruselas y un salón de conciertos en París? ¿Qué tienen en común todo estos lugares con las escuelas a las que van nuestros hijos y los hospitales en donde encontramos a los más vulnerables?

Son sitios donde nos sentimos (o deberíamos sentirnos) seguros. Lugares donde podemos olvidar nuestros problemas y miedos, son lugares donde podemos, en pocas palabras, ser felices y hallar esperanza.

No hace mucho leí unas sabias palabras, las cuales en esencia se referían a algo importante: Los terroristas no son tan ingenuos como creemos que lo son. Ellos saben muy bien que no hay un paraíso con 72 vírgenes esperando por ellos. Ellos acaban con vidas inocentes, en lugares estratégicos, porque están convencidos que solo mediante la fuerza y el miedo, podrán lograr su objetivo. Ellos al igual que nosotros (simplemente con metas distintas), se ocupan de su labor sabiendo que de ese modo legarán a futuras generaciones un mundo moldeado a la imagen de sus ambiciones.

Sus ataques no son erráticos ni al azar. Ellos tratan de golpear en lugares donde deberíamos sentirnos seguros, donde deberíamos hallar felicidad, lugares donde sabemos que la violencia es imposible, en lugares donde somos libre. Tratan de hacer que nos releguemos, que retrocedamos, que dejemos, no de ir a ese tipo de lugares, sino que dejemos de sentirnos seguros, en donde sea que estemos, y de ese modo, poco a poco, vivamos las vidas que ellos desean que vivamos.

Estas personas no tratan de matar únicamente a las personas a las que atacan, sino a la misma libertad que estos espacios representan. Y ese es su verdadero objetivo: acabar con la libertad.

Sea un bar gay en la capital mundial de los parques temáticos, o un café al aire libre en Tel Aviv, cuando sucumbimos al miedo, ellos vencen, y de ese modo, nuestra libertad termina.

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